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Amores de juventud: el SEAT Panda

Amores de juventud: el SEAT Panda
Martes, 7 de abril de 2020

España entró en un periodo difícil a raíz de la crisis del petróleo de 1973 y la necesidad de acometer una reconversión que permitiera al país modernizar su tejido industrial. Ello no era ajeno al resto de Europa y eso hizo proliferar un nuevo tipo de coche que buscaba ofrecer una alternativa a los ciudadanos que no contaban con recursos económicos boyantes, pero no estaban dispuestos o no podían renunciar a un vehículo privado.

Así, modelos como el Citroën 2CV o los Renault 4 y 5 entraron en el mercado con fuerza y popularizaron el utilitario con marcado carácter práctico, polivalente y económico. FIAT, que sufría una profunda crisis tras haber vivido del glamour de sus bellos coupés y elegantes berlinas del pasado, buscaba relanzar su éxito en uno de los pocos segmentos en el que aún recogía buenas cifras de ventas: el de los coches pequeños.

El anuncio del SEAT Panda dejaba muy claro a qué tipo de público se dirigía.

Así nació el FIAT Panda en 1980, como paradigma de una fórmula que se había revelado exitosa: un coche simple y polivalente con motor delantero y suspensión trasera elevada. La marca italiana, que no podía permitirse hacérselo todo en casa, subcontrató a Italdesign para que el reputado diseñador Giorgetto Giugiaro se encargara del diseño y la ingeniería.

Con la practicidad y el bajo coste en mente, el hombre que se había ganado su prestigio con el diseño de lujosos y deportivos vehículos, concibió un utilitario dominado por las líneas rectas y los cristales planos, reduciendo así al máximo los gastos de fabricación. Aunque en la actualidad vemos la carrocería tipo «Hatchback» como algo normal, a principios de los 80 no era habitual, por lo que el Panda pronto llamó la atención de los compradores, animados también por un precio realmente bajo.

Asociación con SEAT

El Panda de FIAT se vendió también en España, pero bajo la marca nacional: SEAT. Gracias al acuerdo existente entre ambas compañías, el modelo originalmente creado por los italianos pasó a comercializarse en nuestro país con muy similares características.

Pero la asociación no duró mucho y nada más presentarse el Panda en España, FIAT abandonó la gestión de SEAT tras un balance económico desastroso, aunque ello no impidió que el vehículo se siguiera comercializando bajo su configuración original.

Las primeras dos versiones disponibles fueron la 35 y la 45, que hacían referencia a la potencia de sus respectivos motores. El primero de ellos sustituía al bloque de dos cilindros refrigerado por aire de 30 CV y de 652 cm3 de cilindrada heredado del FIAT 126 y utilizado en Italia. En su lugar, SEAT acopló un bloque de 843 cm3 utilizado en los SEAT 850 y el 133, mientras que el segundo era un cuatro cilindros de 903 cm3 procedente del 127.

Con su baja potencia, pero su notable robustez, simplicidad y polivalencia, el Panda pronto se convirtió en un éxito de ventas y se hizo especialmente popular en el entorno rural. El 45 contaba con más equipamiento e incluía asientos delanteros con reposacabezas, cristales tintados, luneta térmica y salpicadero tapizado en tela, en lugar de ser de plástico como el del 35.

La transición al Marbella

El deterioro de las relaciones con FIAT hizo que la marca española decidiese mantener invariable el Panda durante unos años, pues muchas de las piezas seguían llegando desde Italia y poner en peligro el suministro de las mismas habría supuesto un grave problema de difícil solución para la producción de un modelo que estaba siendo todo un éxito.

Así, en 1982, la gama se reestructura ligeramente para incorporar el Panda Bavaria 35 y el Panda Marbella 45, que contaba con elementos adicionales como faros antiniebla delanteros, pintura metalizada, nuevos asientos, parrilla delantera en plástico negro y ventanillas traseras practicables de compás.

La ruptura con FIAT obligó a SEAT a lanzar el Marbella.

También se incluyó en la gama el kit campero Montaña limitado a 2000 unidades, que podía pedirse con los dos motores y llevaba paragolpes reforzados, protecciones de rejilla para los faros y baca con cajón de plástico en el techo, una opción sin duda aún más apetecible para los usuarios del campo que tan bien habían acogido al Panda.

Finalmente, las relaciones entre FIAT y SEAT llegan a su fin en 1986, lo que obliga a la marca española a diferenciar su modelo del Panda italiano. Por ello, el Panda español se convierte en el SEAT Marbella, que en realidad no es más que una ligera actualización del modelo estrenado seis años atrás para cumplir con los requisitos legales exigidos por FIAT.

Entre los cambios más destacables del ‘nuevo’ Marbella, sobresalían ligeras modificaciones estéticas en el frontal, la parte trasera, el equipamiento y la instrumentación. A nivel mecánico, se incluyó una caja de cambios de cinco velocidades, encendido electrónico y un motor de 41 CV con catalizador.

El Marbella dejó de venderse en 1998 tras haberse vendido un total de 596.170 unidades, a sumar a las impresionantes 463.418 unidades comercializadas del Panda entre 1980 y 1986. Su sustituto fue el SEAT Arosa.

Versiones del Panda

Múltiples fueron las variantes que acabaron creándose del básico y sencillo SEAT Panda. Algunas resultaban especialmente llamativas e incluso se creó un Papamóvil para la visita de Juan Pablo II a España en 1982. El resto de ediciones fueron las siguientes:

Comercial (1980): con lunas posteriores tapadas y sin asientos posteriores.

Bavaria (1980): versión básica del Panda 35.

Abarth (1981): preparación deportiva desarrollada por la filial de competición de FIAT, con motor de 60 CV.

Montaña (1982): preparada para el entorno rural, con baca y protecciones.

Practicable (1983): con techo de lona, tipo Targa.

Marbella (1983): la versión más equipada sobre la base del 45.

Movida (1983): Con la base del 40, incorporaba vinilos específicos.

Terra (1983): estilo pick-up con asientos traseros y techo y maletero de lona.

Sprint (1985): versión con parrilla específica y equipamiento algo inferior al del Marbella.

Trans: furgoneta pequeña de gran éxito en pequeños y medianos comerciantes que dio origen a la SEAT Terra.

Papamóvil: Modelo específicamente creado para la visita de Juan Pablo II en 1982.

Emelba Chato: versión del carrocero español utilizada como taxi, ambulancia o policía por su estilo tipo monovolumen/furgoneta de contenidas dimensiones.

Emelba 903: un Chato modernizado sobre la base del Trans.

Emelba Pandita: versión pick-up con algunas unidades dotadas de tracción integral.

Emelba Elba: prototipo de cinco puertas que no llegó a comercializarse.

Diésel: proyecto de 1984 que iba a incorporar un motor Daihatsu diésel, pero que tampoco llegó a venderse al público.

Dentro del Panda

El diseño de Giugiaro destacaba por su practicidad y el aprovechamiento de los volúmenes disponibles en los exiguos 3,38 metros de longitud y 2,16 metros de batalla del Panda. Así, su aspecto era muy compacto por fuera, pero amplio por dentro, algo a lo que también contribuía que el interior estaba provisto con lo justo, dejando por completo de lado cualquier guiño al lujo.

La habitabilidad era mejor de lo que podía esperarse por tamaño y los asientos eran cómodos, pero la sujeción del respaldo no era uno de sus puntos fuertes. El volante de dos radios y diámetro reducido estaba bien situado y permitía visionar el contenido cuadro de mandos con total claridad. Si nos montábamos en un 45, podíamos disponer de ‘lujos’ como los cinturones de seguridad retráctiles y bandeja cubremaletero en el portón trasero.

El volumen del maletero era de unos respetables 272 litros, que se convertían en 1088 si reclinábamos los asientos traseros (otro de los puntos fuertes del Panda). Además, estos contaban con hasta siete posiciones diferentes e incluso se podía crear una cómoda cama en el habitáculo, pues con todos los asientos reclinados se creaba un espacio diáfano y de suelo liso. Como guinda final, las fundas de los asientos eran extraibles y podían lavarse. Una vez más, la practicidad del Panda salía a relucir.

En marcha con el Panda

A nivel dinámico, el modesto y ligero Panda buscaba aprovechar al máximo la exigua potencia de sus motores: 35, 45 o 60 CV en el caso de la deportiva versión Abarth. El motor quedaba colocado en posición delantera transversal vertical como en el 127 y era movido por una caja de cambios manual de cuatro velocidades. La suspensión, como no podía ser de otro modo, era sencilla y robusta, con ruedas independientes en el eje delantero y dos ballestas semielípticas y eje tubular rígido detrás.

A nivel dinámico, el Panda era uno de esos coches que parecía que habíamos conducido toda la vida, pues su manejo era sencillo y cómodo. A nivel de motor, el 35 ofrecía una aceleración suave y progresiva de marchas largas, mientras el 45 era mucho más nervioso y enérgico que su hermano pequeño. La dirección era muy directa, suave y precisa, algo que combinaba muy bien con el diámetro contenido del volante. El cambio era preciso y de corto recorrido, por lo que todo ello permitía mover el coche con mucha agilidad en la ciudad.

En definitiva, el Panda era un coche ágil y divertido en entornos urbanos, rurales y de carreteras reviradas, lo que hacía de él un utilitario muy práctico si no se buscaba una conducción deportiva imposible de afrontar por su simplicidad mecánica y escasa potencia.

En cualquier caso, esas restricciones sólo aparecían a la hora de exprimir al máximo las prestaciones del Panda en terrenos bacheados u ondulados, pues los límites de la velocidad quedaban claramente marcados por la ausencia de suspensiones con barra estabilizadora o una arquitectura más compleja que permitiera absorber las irregularidades con eficiencia. En cambio, a velocidad normal y simplemente ‘alegre´, el Panda era un complemento perfecto para el día a día.

El Panda, conjuntamente con el Marbella, estuvo a la venta durante unos nada despreciables 18 años, durante los cuales se superó la barrera del millón de unidades vendidas. Ello deja muy claro el relevante papel que este modelo tuvo en España en las dos últimas décadas del siglo XX y el recuerdo imborrable que tiene en nuestros recuerdos. Simple, práctico, robusto. «Un amigo para todo», como rezaba la campaña de lanzamiento de SEAT en 1980.

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